martes, 6 de septiembre de 2016

HORA DE JUBILAR VIEJAS DISCUSIONES

El Cronista

La discusión sobre el grado de apertura en nuestro país tiene edad suficiente como para empezar los trámites jubilatorios. De hecho no sería mala idea poder salir de esquemas argumentales perimidos en el mundo, con independencia de la mirada ideológica que se tenga.
Localmente el proceso de desarrollo económico sustentable, una y otra vez ha chocado frontalmente contra la muralla de la restricción externa. Es decir, escasez de dólares que nos dejaban fuera de juego y un costo de capital que no permitía buscar mejoras en la productividad que se conviertan en el verdadero motor que impulse mejores salarios y empleos de mayor calidad. Todo ello en un contexto de presión fiscal excesiva que genera que productos similares estén mucho más caros aquí que en países vecinos.

Sergio Massa encendió la polémica los últimos días con su propuesta de cerrar las importaciones por 120 días. Expresado de ese modo, solo se puede leer como una propuesta anacrónica e ineficiente. Pero vale decir que su propuesta tal vez no se comprendió correctamente ya que el articulado del proyecto de ley, más bien apunta a la transitoriedad en el camino hacia una apertura inteligente, en un contexto donde la aduana ha sido un colador con funcionarios investigados por la justicia.

Es decir, no se trata de prohibir las importaciones, sino dotar al estado de las herramientas necesarias para que el comercio internacional esté en línea con los objetivos de política económica y no se consolide como un nicho donde el mejor negocio lo hacen los contrabandistas.

Está claro que Argentina en la actualidad no está en condiciones de abrirse de par en par a los flujos comerciales extranjeros: tipo de cambio real atrasado, industria poco competitiva y la alta presión tributaria confluyen en una oferta de bienes locales de menor calidad y mucho mayor precio que los extranjeros. Argentina ya vivió las consecuencias de la apertura indiscriminada en materia de desarrollo pyme y empleo.
Argentina también vivió las consecuencias de la protección indiscriminada: mediocre desempeño del producto bruto per cápita en relación a la región y el mundo y una economía que siempre se las arreglaba para chocarse con la restricción externa. Prohibir el comercio nunca puede ser la respuesta en un mundo cada vez más interconectado, donde el posicionamiento de un país en la distribución de tareas dentro de las llamadas Cadenas Globales de Valor y el progreso en el ‘espacio de productos’ (en el sentido de Hausmann) son factores determinantes para su desarrollo económico.

En un interesante ranking que publicó Federico Muñoz en Twitter el 5 de septiembre, Argentina se ubica como el quinto país con menor ratio de importaciones sobre Producto Bruto Interno sobre el total de 93 países con ingresos per cápita superior a los u$s 5000. Lejos estamos de ser un importador crónico.

En una economía estancada que baila al ritmo del ciclo electoral, la innovación tecnológica debería ser uno de los principales motores para lograr un crecimiento sostenido. La idea de que las brechas internacionales de tecnología están íntimamente ligadas a los patrones de comercio internacional es conocida desde hace 200 años gracias a los aportes de David Ricardo, quien señalaba a la productividad laboral como factor determinante. Las teorías más modernas del comercio se apoyan en otros aspectos de la tecnología como retornos crecientes y diferenciación de productos. En general, la literatura reconoce los siguientes vínculos entre innovación y comercio (Kiriyama, 2012):

n i) Difusión de ideas y tecnología: puede llevarse a cabo a través de varios canales, como importaciones, inversión extranjera directa y comercio tecnológico. La difusión puede darse entre competidores (horizontal), a lo largo de la cadena de producción (vertical), puertas adentro de la empresa o desde las universidades o instituciones dedicadas a la investigaciónn ii) El rol de las exportaciones en el aprendizaje: mejor acceso a conocimiento sobre tecnologías avanzadas, estándares de alta calidad en mercados internacionales, aprendizaje más rápido.

Para poder explotar estos canales, el gobierno debe mantener un rol activo. La capacidad de absorción de conocimientos vía difusión de tecnologías que puedan llegar a explotar las firmas locales depende no sólo de los recursos en investigación y desarrollo sino también de la estabilidad política y macroeconómica y la calidad regulatoria.

Pretender venderle al mundo mientras le cerramos las puertas para que el mundo nos venda a nosotros es una fantasía casi infantil que no se verifica en la vida real. Cerrar mas la economía solo consolida la renta de empresarios que no tienen incentivos a invertir, claman por protección y terminan de vacaciones en Miami, mirando Netflix y haciendo sus compras en Chile. Una historia repetida donde ganadores y perdedores siempre han sido los mismos.

viernes, 26 de agosto de 2016

ESPERANDO LA CARROZA, DE LAS INVERSIONES

El Cronista

La lluvia de dólares de la que tanto hemos escuchado hablar en economía tiene un nombre: Inversión Extranjera Directa (IED). Son los flujos de capitales de largo plazo que recibe un país, la misma se registra en el balance de pagos dado que son divisas que consigue el país receptor.

No solo no ha llegado la IED, sino que el país recibió apenas u$s 1774 millones. Para determinar si es mucho o poco, podemos comparar el mismo dato con períodos anteriores, en el mismo período (primer trimestre) en promedio durante los últimos cinco años el país recibía u$s 3028 millones a pesar de la existencia de los controles de capitales.

Llama aún más la atención cuando pensamos que el costo de capital para realizar proyectos de inversión en Argentina está en niveles muy inferiores a los de los últimos cinco años. Actualmente Argentina paga 600 bp por encima que USA, esa medida en promedio fue de 800 bp para los últimos cinco años.

La comparación regional luce magra, Argentina recibe apenas un 1% de su PBI en inversiones cuando otros países de la región como Brasil, Colombia o Perú reciben entre 3 y 4 pp. La excusa de los últimos años para la carencia de IED se basaba en la escasa seguridad jurídica, un concepto criticado pero intuitivo y que encuentra bastante sustento empírico si bien, dadas mínimas garantías a la propiedad privada (lo que no necesariamente sucedía por estos pagos) , dicho criterio de decisión termina quedando rezagado frente al apetito de renta.
Vale decir que si el país no permitía retirar el dinero y/o debía ingresar con una pérdida asumida por la diferencia que suponía un tipo de cambio retrasado, lógicamente generó un fuerte desincentivo al ingreso de divisas. No obstante, ya corregido el problema del cepo cambiario y con garantías claras respecto de la vocación por el cumplimiento de los contratos y de las sentencias judiciales como la de Griesa, nos queda la pregunta, ¿cuál es la razón por la cual con estas tasas bajas y mayor seguridad jurídica, no se ha logrado el boom de inversiones extranjeras que se pregonó durante tanto tiempo?

La respuesta nos da una pista acerca de la percepción que tiene el exterior acerca de la capacidad de la gestión actual para domar la economía, una economía que estuvo atada de pies a cabeza y hoy en día encuentra mucha mas facilidad para operar, si bien la presión fiscal sigue siendo enorme.

Si la percepción del inversor extranjero es que aún no se logra lidiar con la inflación doméstica, esto se traduce en menor flujo de capitales hacia el país pero inmediatamente surge otra pregunta obvia que abre una luz de esperanza sólida: si fuera tan floja percepción acerca de la capacidad del gobierno de normalizar la economía, ¿entonces por qué se pagan tasas inferiores a las de períodos anteriores?

El apetito por el riesgo y la caída de Brasil podrían ser la respuesta, en un mundo donde las grandes oportunidades de inversión financiera se agotan, el país puede aprovechar para obtener recursos a menor tasa de interés. El mayor premio pagado por Argentina en relación a Brasil, ahora luce atractivo desde que este último muestra problemas graves acerca de su economía.

En ese marco es de esperar que a partir de 2017 el país a sea receptor de mas de u$s 20.000 millones al año en caso de que reciba un monto similar que el de la región, o sea, entre 3 y 4 puntos del PBI. Esta cifra el gobierno actual debe monitorearla con atención, porque es una de las varas con la que se mide la capacidad de gestión y gobernabilidad en el extranjero. No solo de fotos con mandatarios y visitas de líderes vive el país, si esto no se traduce en mayor inversión, no hay mayor empleo, sin empleo el país se empobrece y el descontento social se agudiza.

En el tiempo por venir, nuestro país debe tratar de coordinar mejor las expectativas que generan las palmadas en la espalda que recibimos cada vez mas seguido, con la llegada concreta de recursos que permitan poner a la argentina en el sendero de crecimiento lo mas rápido posible.

Es cierto que el gobierno ha realizado sólidos esfuerzos por mostrarse amigable con un mercado que hasta aquí lo que mejor hizo es prestarnos plata mas que compartir los riesgos de las inversiones de largo plazo que apuestan al desarrollo sustentable de una economía basada en el aumento de la productividad. Para ello se puede intentar pensar alguna vez sobra la base de un paradigma diferente.

Los capitales que deben llegar primero son los de los residentes que aun tienen sus ahorro fuera de la Argentina, la mejor ‘señal para el mercado’ sería que empecemos por ver cómo invierten en la Argentina los ahorros de aquellos que conducen los destinos del país. Los de antes, los da ahora y los que vendrán. De otro modo, seguiremos cambiando gestos por voces de apoyo, pero el capital que mueve la rueda del desarrollo seguirá demorando su llegada.

lunes, 15 de agosto de 2016

"EL FALSO DEBATE DEL CAMBIO TECNOLOGICO"

Perfil.com 

Qué imitar, sobre qué productos hacer ingeniería reversa y cómo adaptar una idea al mercado local o a la región requiere de una creatividad tan grande como desarrollar un
producto desde el momento cero.

Innovar, ese gran desafío que está en boga desde hace varios años, se plantea tradicionalmente como un territorio diferente y ajeno a la dinámica de corto plazo. Solemos escuchar la recomendación de ordenar la macroeconomía para continuar luego con el desafío del desarrollo, donde entra en juego la innovación como un factor determinante del crecimiento (teoría schumpeteriana de desarrollo). No obstante, la innovación en determinados sectores puede ser el camino para salir del laberinto en el cual pareciera que estamos atrapados. No necesariamente hablamos de un genio al cual se le ocurre una idea brillante que revoluciona la economía y modifica nuestra visión acerca del mundo (lo que sería un caso de innovación disruptiva). La innovación también puede ser una acumulación de pequeños cambios en la distribución de tareas o en el layout de una planta que conlleve a un aumento de la productividad, a una caída de los costos medios de producción o a un ahorro del trabajo utilizado para producir bienes y servicios. Aquí es donde a veces se presenta la innovación como rival de la generación de empleo, que es una de las ideas más retrógradas que existen en economía. La expresión más cruel derivada de la percepción equivocada sobre el avance tecnológico fue el suceso que en 1813 llevó a 14 trabajadores textiles a romper las máquinas de su fábrica porque pensaban que atentaban contra el empleo. La respuesta fue brutal: los colgaron. Hoy en día, con mayor nivel de conocimiento y observando la historia podemos ver que no hubo una tendencia al aumento del desempleo en países como Estados Unidos, Alemania o Inglaterra. Por el contrario, son los países que mejor han visto aumentar su nivel de vida. En un contexto donde se han perdido más de 100 mil puestos de empleo desde diciembre a mayo podemos preguntarnos quién compraría el excedente de producción derivado de aplicar una mejora en los procesos productivos. La respuesta se encuentra en que la pregunta esta mal formulada. Las economías que aspiran al desarrollo deben comprender que el mercado ya no es el que delimitan las fronteras del país sino el mundo entero. No hay un mercado de 44 millones de argentinos sino de siete mil trescientos millones de personas. En ese marco, la Argentina debe retomar su lugar dentro del comercio internacional. El desafío es producir bienes a escala buscando adquirir conocimiento para desarrollar sectores que hoy se encuentran atrasados. En ese sentido ya no cabe preguntarse si está bien o mal innovar, sino en qué sectores y cómo hacerlo al tiempo que procuramos bajar el costo del capital para que invertir no sea sólo una aspiración sino un camino viable que genere rentabilidad razonable. Existen áreas donde el país conserva una posición de liderazgo, por ejemplo la producción de maquinaria agrícola. Aquí el desafío es conservar y consolidar esa posición desarrollando e incorporando tecnología de punta, posicionando a la Argentina en los eslabones de mayor valor agregado dentro de las llamadas “cadenas globales de valor”. En algunos sectores sólo alcanza con la imitación; viendo el camino transitado en determinadas ramas en países más adelantados y adaptándolo a los recursos propios se puede ser más creativo que buscando una idea completamente nueva, la cual posiblemente tarde mucho en llegar. ¿No hay lugar entonces para la creatividad en el país? Por el contrario, qué imitar, sobre qué productos hacer ingeniería reversa y cómo adaptar una idea al mercado local o a la región requiere de una creatividad tan grande como desarrollar un producto desde el momento cero. Suponer que la innovación solo existe en las historias de éxito de muchachos que crean empresas ultra exitosas desde el garaje de su casa es un mito. De hecho, los llamados unicornios, como Mercado Libre, OLX y Despegar, son simplemente una adaptación de una idea ocurrida en otros países. Esa es una de las principales ventajas de la innovación, la no rivalidad en su consumo (el uso de una idea de modelo de negocio por parte de eBay, no impide a Mercado Libre emplearla). Una de las principales dificultades que por lo general se encuentran cuando se quiere desarrollar una rama de industria determinada está en los mercados de factores, tanto en la falta de financiamiento como en la capacidad de encontrar empleados dispuestos a ser protagonistas del cambio. En ambos planos es donde se debe dar lugar al debate de las políticas gubernamentales; un sector público que coopere y no rivalice con el sector privado es la clave para esta fórmula. El rol de la intervención debe ser facilitar el financiamiento y desarrollar una fuerza laboral capacitada y flexible que pueda adaptarse a las nuevas y cambiantes tecnologías. No es posible el éxito de una idea innovadora sin científicos ni ingenieros que puedan aplicarla al proceso productivo doméstico. La protección per se de algún sector determinado por tiempo indeterminado no promueve el surgimiento de nuevos unicornios, por el contrario, son una invitación a generar estancamiento en tanto no es puesto a prueba en la competencia en los mercados mundiales.  Por el contrario, la completa liberación del comercio sin atender a necesidades particulares de mercados que fueron protegidos por un largo período puede generar desajustes de precios relativos que la estructura económica no puede digerir con facilidad. El camino es estrecho, lograr el nivel de intervención justa es un arte más que una ciencia, y esto no se aprende en ningún libro de texto ni en ningún doctorado, sino que forma parte de la práctica de la política, y es la materia que parece costarle a la actual administración. Resulta determinante para el desarrollo de estrategias innovadoras que el contexto en el cual se establecen se enmarque dentro del respeto irrestricto a la propiedad privada, ya que aquel que invierte en desarrollar una tecnología lo hace en busca de obtener retornos positivos sobre su inversión, de modo que es fundamental que el Estado promueva los mecanismos necesarios para que esto sea respetado, sobre todo por el mismo sector privado que muchas veces pide que se proteja la propiedad pero en ocasiones resulta reticente a pagar por el uso de las tecnologías resultantes de la inversión previa que realizan otros actores del sistema. Vale decir que todos los éxitos que vemos en términos de innovación tienen más que ver con el fracaso que con el éxito, toda vez que la historia que los precede es aquella donde las caídas son mucho más comunes que el salto hacia el éxito. Debemos entender que una sociedad comprometida con el progreso no es la que sostiene proyectos que fracasan ni mantiene abiertas fábricas que quiebran. El Estado puede dar cobertura a los empleados despedidos para que su reinserción no sea traumática, pero socializar el costo de los proyectos que no funcionan responde a una mirada complaciente e infantil de la realidad que sólo nos aferra al fracaso. * Economista, autor de Todo lo que necesitas saber de la economia argentina. 

viernes, 12 de agosto de 2016

"EL IDA Y VUELTA DE LAS TARIFAS Y LA PARADOJA DE PAGAR DOS VECES LOS AUMENTOS"

El Cronista


El objetivo de la actual gestión de la política económica es ambicioso. La tarea de desinflar nominalmente la economía en un contexto de corrección de precios relativos ya es complicado, sumado al desafío de que en ese proceso no siga cayendo el nivel de actividad.
La corrección del valor del dólar no trajo tantos dolores de cabeza como la de los servicios públicos. El costo político ya pagado por el Gobierno es muy alto en relación al avance que logró en la reducción del déficit y la carga de subsidios económicos destinados al sector.
El valor al cual debía corregirse el tipo de cambio dijeron que ya estaba descontado por algunos agentes. El valor de las tarifas aún no lo sabemos y el mecanismo de prueba y error que está intentando el Gobierno no da resultados.
La probabilidad de lograr la corrección de precios sin ajuste a la baja de las cantidades producidas es muy baja, según demuestra la historia reciente del país. El economista Ramiro Albrieu, puso en evidencia el problema mostrando que solo hubo un año de los últimos sesenta en el cual las tarifas y el tipo de cambio subieron por encima de los salarios y hubo caída en el nivel general de precios y servicios con crecimiento de la actividad.
Eso ocurrió en 1967. Un año de plena crisis política, con un gobierno de facto dirigiendo al país y el ex ministro Krieger Vasena al frente de una economía cada vez mas abierta al tiempo que el Banco Central perdía reservas internacionales.
La situación actual es compleja, la interacción entre la política monetaria y cambiaria junto a la política fiscal y de ingresos requiere de una pericia que aún no se ve en los hechos. Hasta ahora, el valor del dólar logró corregir el enorme atraso cambiario heredado, pero con la nueva intervención de la Justicia, las tarifas no logran acomodarse a un nivel que resuelvan el problema fiscal. Al mismo tiempo la inflación se aceleró respecto al año anterior y el nivel de actividad está en baja.
De no resolver el escollo fiscal, la política monetaria no podrá evitar ser funcional a Hacienda. Y mientras no se logre esto, difícilmente la inflación ceda.
Si el Banco Central se empecina en bajar la inflación, el costo en términos reales puede ser muy alto: el valor del dólar podría sufrir un atraso mayor y determinados sectores sentirán nuevamente que hace falta una corrección.
Con la teoría sobre la mesa es la realidad quien siempre sorprende. Esta vez nos muestra los limites de creer que el mercado lo resuelve todo.
Primero las tarifas llegaron con aumentos descomunales. Ese aumento generó que suban los precios del resto de los productos porque se encarecieron los costos, incluso subieron las expensas. Todo muy lógico. Pero... y siempre hay un pero.
Si el incremento de las tarifas se anula y aun habiendo colocado un tope de 400%, los costos ya se habían calculado con la primera boleta que llegó y en muchos casos fue con el peor escenario, es decir subas de mas de 1000%.
Resulta que hasta aquí, al día de hoy, las tarifas son las mismas que en marzo pero se cobran como si ya hubieran confirmado la suba.
Conclusión: la suba de tarifas no solo se ve en la boleta que le llegó a los usuarios (que aún no saben si tienen que pagar o deben esperar la refacturación), sino que también influyó en toda la cadena de precios. Si se cancela el aumento, lo único que va a quedar claro es que, salvo las tarifas, el resto subió y obviamente no va a bajar para compensar.


Si la anulación del aumento de tarifas llegara a quedar confirmado deberían pasar un par de cosas sumamente extraordinarias que solo se pueden ver en Argentina:
1) Hay que ver como se "recalcula" el índice de inflación que tenía adentro los aumentos que al final no corren, aunque las aumenten desde mañana. Lo cierto es que la inflación mira el pasado y si ese aumento se llega a cancelar, la inflación que lo contemplaba se debe corregir.
2) Las empresas habrán tomado un costo que no tuvieron. Suponiendo que los servicios suban desde mañana, hasta aquí a los usuarios le subieron los precios, pero para las compañías ese costo no se modificó. Es decir: los usuarios se "comieron el amague" y le dejaron un mango de más a los empresarios. Ojo, es obvio que acá nadie se quiso hacer el vivo, pero también es obvio que nadie podrá ir al supermercado para que le reintegren la diferencia que se quedaron los empresarios.
3) Puede darse el caso de que aquellas personas que han pagado expensas mas caras puedan reclamar a devolución de lo que abonaron de más, porque los gastos comunes más altos no habrían sido reales. Insisto: si la suba fuera desde mañana mismo, los gastos comenzarían a partir de allí con lo que la factura llegaría en octubre y recién ahí se deberían incrementar las expensas.
Eso si, si los aumentos arrancan desde mañana (y no corre hacia atrás) espero que no suban los precios nuevamente con el verso que se incrementaron los costos, porque ahí estaríamos pagando dos veces el aumento... Que considerando el modo "recalculando" en el que estamos como país, no sería nada raro... Total los que pagamos siempre fuimos, somos y seremos los mismos. "Nosotros".

viernes, 15 de julio de 2016

EL DESAFIO DEL DESARROLLO

El Cronista


Hablar de desarrollo económico quiere decir que hacemos referencia al aumento de la producción de bienes por habitante y la evolución respecto de cómo se distribuye. La teoría del desarrollo económico es compleja, cada país tiene su propia estructura, sus costumbres, así como cada momento histórico determina cursos de acción distintos ante escenarios similares. En Argentina, la industria automotriz y otros vehículos genera alrededor de 150.000 puestos de trabajo, de ahí la relevancia de la ley aprobada respecto al contenido mínimo del 30% para los autos vendidos en el país. En el medio de la caída de la actividad de nuestro vecino y mayor socio comercial (Brasil -5,4% i.a.), esto es un incentivo que busca mejorar la performance de una industria que está siendo castigada severamente hace tiempo.

Estos incentivos siempre son bienvenidos en tanto no generen renta oligopólica para unas pocas empresas y por el contrario se promueva la competencia y la reinversión de utilidades. De hecho, la posibilidad de "aprender haciendo" debería dar lugar a una reducción de costos mejorando la eficiencia de la industria a lo largo del tiempo. Esta estrategia de desarrollo fue implementada en el país sin gran éxito en el pasado. No obstante, el contexto actual y los actores de hoy día son distintos a las décadas pasadas, por lo que no hay que perder esperanzas en estos argumentos para fomentar el empleo y la inversión.

Complementariamente a la ley de contenido mínimo de autopartes, se aprobó la ley impulsada por Omar Perotti para otorgar un crédito especial a la producción de maquinaria agrícola. En esta área Argentina tiene una ventaja, es una rama donde nos encontramos en la frontera tecnológica internacional. Por lo que cualquier innovación en el área genera beneficios enormes.

Difícilmente el país se pueda transformar en un exportador neto de automóviles, pero en un exportador líder en maquinaria agrícola de alta tecnología es probable. Incluso, es ese lugar en el espacio de productos donde el país debería orientarse, en el sentido de producción con alto valor agregado, donde empresarios toman el riesgo de invertir innovando, sobre la base de incentivos que permitan proteger el trabajo nacional al tiempo que esto no signifique sostener negocios que no sean sustentables.

El camino que nos ubique en el sendero del desarrollo sostenible tiene que ver con promover inversiones orientadas a crear valor, como aquellas que permiten reducir costos y mejorar el uso de los recursos, tal es el caso de nuestras industria agrolimentaria. Aquí el incentivo hay que fortalecerlo premiando a los que toman riesgo antes que aquellos que hacen uso del beneficio científico sin afrontar el verdadero costo que ello supone.
La innovación y el progreso tecnológico en una economía de mercado se traduce en menores costos de producción, mayor eficiencia, por lo que debe ser fomentada desde el sector público generando incentivos al sector privado.

La política económica es compleja, el rol del Estado como coordinador de decisiones de agentes heterogéneos es clave, en consecuencia también lo es la forma en que comunican sus decisiones y la percepción del público acerca de cómo los funcionarios hacen política.

Un ejemplo, mirar la inflación core y fijar una tasa de interés es una regla clara, si baja la tasa de inflación esperada, baja la tasa de interés para estimular la producción. La regla es clara, pero el público se marea cuando la inflación core se acelera y las tasas bajan semana tras semana. No porque esto sea malo sino porque resulta contradictorio con el discurso oficial y si no se aclara se parece bastante al tiempo donde la política monetaria se definía fuera de las oficinas del Banco Central.

Las reglas para la política comercial también deben ser fijadas con claridad y no actuar discrecionalmente una vez que se anuncian, de esta forma la protección a un sector puede transformarse en la inversión y el empleo que el país necesita.

Las viejas teorías del desarrollo, basadas por ejemplo en protección para una industria naciente, reaparecen en un país que no han funcionado en el pasado, pero quizás fueron mal enfocadas, si son bien diseñadas, con reglas claras y compromiso de la sociedad en su conjunto, quizás esta vez nos puedan ubicar en un estadío superior de bienestar.

Si el modelo pone el foco en la inversión privada, es determinante crear las condiciones para que ésta se reproduzca de forma tal que el mercado objetivo no sea solo el interno sino el global. Así la competitividad resulta el eslabón fundamental en una sociedad que quiera salir de la sombra que genera la ilusión de algo que nunca se alcanza.

El compromiso se tiene que observar de arriba hacia abajo, se trata de ser y parecer, se trata de acordar entre todos algo que ya sabemos: el progreso es el hijo del esfuerzo.

jueves, 30 de junio de 2016

INNOVAR, LA MEJOR ARMA FRENTE A LA INCERTIDUMBRE

El Cronista

El referéndum celebrado en Gran Bretaña y su consecuente salida de la Union Europea, ha generado zozobra en los mercados mundiales, ya sea que esta salida sea abrupta y desordenada, o lenta y negociada. En cualquier caso la decisión tomada por aquel pueblo ha fortalecido todos los indicadores que miden la volatilidad.

Por su parte la volatilidad de los mercados es la expresión económica que demarca los límites de la incertidumbre sobre el futuro. Un mundo más incierto es un mundo más volátil, condición contraria a los intereses de mercados como el nuestro que requieren de inversiones que siempre suponen riesgo al venir a la Argentina. Dicho riesgo, desde ya, tiene una mensura en la rentabilidad que se le pide al capital que se pone en juego en nuestra economía.

Si el riesgo percibido es mayor, mayor será el retorno esperado por las inversiones a realizar. El famoso vuelo a la calidad, que describe el comportamiento de los inversores en momentos como este, conlleva fundamentalmente un fortalecimiento del poder de compra de la moneda estadounidense en el mundo o lo que es la recíproca caída en los precios de los commodities y devaluación de las monedas locales.

No existe una vacuna contra las crisis que permita evitarlas, ni una terapia intensiva que ayude a superarlas rápidamente, pero sin dudas se puede estar más preparado para enfrentarlas. Del mismo modo que quien practica deportes y se alimenta saludablemente siempre está en mejores condiciones de hacer frente a las enfermedades, los países tienen herramientas que les permiten amortiguar el impacto de la volatilidad global.

La dotación de capital que resulta determinante para impulsar el desarrollo tiene en este sentido un rol clave, dado que si los niveles de inversión son relativamente elevados, y la misma se orienta a procesos focalizados en agregar valor, es altamente probable que la necesidad de aumentar la productividad de los factores que siempre implican las crisis, reaccionará mas rápido allí donde estén dadas las condiciones para apostar en el sentido de la mejora productiva antes que el recorte de costos tradicional como respuesta natural ante la ralentización de la demanda.

Las condiciones en términos de costo del capital no son el único elemento determinante, sino que el marco jurídico en el cual se fomenta y protege al que arriesga e invierte en desarrollo, es otro de los factores cruciales. Es decir, no podemos suponer que vamos a tener una mejora concreta en las cantidades producidas, dados los insumos existentes si no generamos incentivos para agregar valor a los procesos productivos.

La idea de ver al inversor como un socio del desarrollo y no como un enemigo es otro de los pasos necesarios que se deben dar, sin que por ello haya que arrodillarse y garantizarle el éxito a nadie. Se trata de aspectos tales como la inversión en investigación y desarrollo así como los diferentes procesos de innovación, sean validantes prestigiosos del crecimiento homogéneo de la sociedad antes que ser vistos como agentes que buscan capturar beneficios extraordinarios.

La inversión en sectores de innovación generan efectos derrame sobre el resto de la economía, no son bienes rivales en su consumo, las ideas son aprovechadas por el creador y por toda la sociedad en su conjunto. Argentina tiene registradas, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, 3779 patentes vigentes. Nos encontramos en el puesto 26 del ranking mundial superando a países como España y varios de los países de la región.

El sector con mayor número de patentes vigentes es el sector de tecnología médica, con un 10% de la participación. Los desarrollos en esa área son clave para la salud de la población que está vinculada a la productividad del factor trabajo.

No obstante, si bien hemos duplicado el gasto en inversión y desarrollo desde el año 2004 a la fecha, actualmente el mismo representa el 0.64% del PBI, muy lejos de las cifras de países avanzados donde la proporción oscila entre el 2% y el 3% del producto. Lo urgente muchas veces tapa lo importante, desatar los nudos de la macroeconomía heredada no es el principal desafío del gobierno actual, sino en entender cual será el patrón de crecimiento para que éste sea sostenido en el largo plazo.

El comienzo del segundo semestre ocupa el análisis del día en la mayoría de los casos, toda vez que las urgencias de la política obligan al proyecto político gobernante a construir su propio relato, su propia descripción de la realidad y las causas de la misma.

El compromiso de mejora en los meses por venir será verificado o no según veamos la progresión de los datos que nos proveerá una realidad que ahora al menos puede ser medida con un termómetro que indica la temperatura real y no una ficción. Fortalecer la apuesta a quienes toman el desafío de innovar es el verdadero objetivo para soñar con un país desarrollado.

viernes, 3 de junio de 2016

ENTRE LOS CAPRICHOS INFANTILES Y LAS CONTRADICCIONES DE LA REALIDAD

El Cronista

Una de las principales lecciones que vamos aprendiendo los padres a lo largo de los años es la de poder decir a nuestros hijos que hay cosas que por más que parezcan agradables hoy, pueden tener consecuencias negativas en el futuro así como aquello que puede ser molesto en el presente, genera resultados positivos más adelante.

De esta manera vemos que pedirles que dejen de comer caramelos es una tarea complicada pero la consecuencia inmediata puede ser un indeseado dolor de panza. En contraposición a esto, pedirles que se laven los dientes suele ser una tarea ardua y desgastante.

Esto es así porque los niños no pueden tener claro el beneficio inmediato de una acción que no les gusta de modo que la misma requiere de cierto tipo de incentivo extra o de ‘convencimiento’ para lograr que pase de ser un acto producto de la coerción a un ‘hábito saludable’.

Argentina estuvo más de diez años comiendo caramelos y sin lavarse los dientes. Claramente para cualquier dirigente es muy sencillo no pedir esfuerzos ni dar malas noticias y resulta mucho más fácil que convocar al pueblo a decidir colectivamente como forjamos un futuro sustentable en el tiempo.

Luego de varias crisis, hemos aprendido (o lo estamos haciendo) que el exceso de dulces puede terminar mal, y cierto criterio de responsabilidad fiscal tiene hoy más consenso que hace dos décadas, sobre todo porque luego de desbarajustes prolongados pudimos sufrir en carne propia los costos del atracón o la falta de hábitos saludables.

El problema está en la forma en la que salimos del anterior estado de cosas sin generar una hipoglucemia generalizada, quitar todos los caramelos de la mesa y pedirle a la gente que comience a lavarse los dientes tres veces por día, puede ser saludable en el largo plazo pero es difícil y hasta injusto si se lo implementa de un momento para otro.

Allí radica el desafío al Gobierno, que le toca reordenar cuentas que son la consecuencia de no dar malas noticias durante 10 años y no eran sustentables en el tiempo. Esta tarea solo se logra si la verdad se instala como criterio central en la toma de decisiones de modo tal que aunque se elijan caminos que no sean los mejores, todos sepamos las consecuencias de ello.

El descalabro de los juicios del sistema previsional tiene magnitudes homéricas y es producto de un esquema de funcionamiento que permitió sostener una ecuación donde unos evadían y todos pagábamos la cuenta. No se puede soslayar el hecho evidente que si todos hubieran realizado sus aportes al sistema de seguridad social, y por otro lado el estado no hubiera dilapidado estos recursos, no haría juicios que pagar y los haberes serian los que deben ser.

En este punto el blanqueo propuesto en estos días en el marco de la llamada reparación histórica a jubilados y pensionados, resulta justo pero paradójico, toda vez que aquellos que con su evasión fiscal deterioraron el sistema y por lo tanto la calidad de vida de millones de argentinos, serán ahora quienes están invitados a dar el paso para repararlo, con un costo muy inferior al que se ahorraron con su evasión.

Esta es la parte más difícil de digerir pero vale pensar que el beneficio que obtiene el que blanquea se supone que es igual o inferior que el que percibe la sociedad en función de los impuestos y ventajas que implicará el nuevo stock de riqueza declarado en los próximos meses.

El éxito de este proceso, de existir, tendrá varios fundamentos secundarios y uno central que es el relativo a que esta vez no solo hay una oferta del blanqueo por parte del Estado sino que por primera vez en décadas, hay una demanda de blanqueo por parte de los evasores y aun los pequeños ahorristas quienes ven aquí una especie de ‘último tren’ para regularizarse.

Resta recorrer el largo camino del debate parlamentario donde desde lo conceptual aparecen posiciones sumamente sensatas como la del senador Miguel Pichetto, quien en una muy interesante entrevista que le hicieron el lunes, lejos de sacarle el cuerpo al tema, propone abordarlo con la madurez que requieren estos problemas, los cuales implican valorar el tamaño del sapo que nos vamos a tragar los contribuyentes que estamos al día pero con los pies en la tierra respecto de los costos y beneficios que esta iniciativa supone.

Si deseamos que el tiempo que viene sea de desarrollo sostenible, deberíamos discutir los temas con madurez pero sin perder la sensibilidad por los que menos tienen. Esto quiere decir que alguna vez podamos evolucionar a modos de funcionamiento donde entendamos que hay que comer menos caramelos y lavarse los dientes, pero dicha tarea debe ser pareja y sin excluir a los privilegiados de siempre.

No sea cosa que mientras todos hacemos el esfuerzo, terminemos beneficiando a un par de nenes caprichosos que siempre comieron caramelos y nunca se lavaron los dientes, total el papá les pagaba el dentista, con la plata de todos nosotros.