jueves, 20 de febrero de 2014

Para el Cronista - Gataflorismo o problemas de implementación






Desde que el Gobierno perdió las primarias abiertas (PASO) en agosto pasado, hemos visto como se han profundizando sus ataques contra diversos sectores concentrados de la economía, sosteniendo banderas en el plano discursivo que han sido estandartes de la década kirchnerista.

Se han realizado mil conjuros sobre economistas que pedían cambios en todo o en algunos rumbos de la política económica.
Se sostuvo con ahínco que la salida era la profundización del modelo, con mas inclusión y más política, dejando de lado los consejos ortodoxos desestabilizadores. Y hasta se continuó fustigando desde la tribuna a los medios hegemónicos.
Por otra parte empresarios, opositores, algunos economistas, y diversas usinas tradicionales de la escuela ortodoxa, pedían un cambio en las políticas económicas.
Se reclamaban devaluación, resolver el frente externo, moderar los subsidios a la clase media, elevar las tasas de interés, desarmar el cepo al dólar, frenar la emisión monetaria, un índice de precios nuevo y creíble; que resolviera los conflictos derivados de la ley de medios y que se fuera Guillermo Moreno de la gestión oficial.
Lo que resulta fantástico es que el Gobierno hizo lo que le reclamaban aunque declama lo contrario y ‘los mercados’ parecen creer más los discursos del gobierno que los hechos que este generó.
Es decir, desde agosto, se devaluó más del 40%, el crecimiento de la emisión monetaria en 2013 fue mucho menor que en 2012 y este año se sigue moderando, se ajustó la tarifa del transporte y se marcha hacia un ajuste en luz y gas, se comenzó a conversar con el Club de París, y se dieron pasos concretos para cerrar el conflicto con Repsol al tiempo que comenzó a darse curso al pago de los juicios perdidos en el CIADI, se plantean paritarias que implican claramente una caída del salario real, se elevaron las tasas de interés en torno del 30%, se comenzó un deshielo con el cepo y hasta se reconoció la verdadera inflación con la implementación del nuevo índice de precios IPCNu, el cual está siendo monitoreado por el mismísimo FMI.
Todo esto mientras seguimos siendo pagadores seriales de la deuda externa y hasta llegamos a emitir letras del Banco Central que funcionan como seguro de cambio para los exportadores.
En otro orden, se cerró el conflicto principal por la Ley de Medios aceptando los planes de adecuación. Ah, Moreno también se fue.
Sin embargo prevalece cierta sensación de zozobra mientras persiste la incertidumbre entre sectores medios de la población.
Cabe preguntarse ¿por qué? ¿Y la respuesta tiene que ver con las formas mas que con el fondo.
Si bien es cierto que lo importante es el fondo de las cuestiones, la verdad es que la forma influye de tal manera que el hecho de haber anunciado todo esto, de manera carente de conexidad y sin que luzca en el marco de un plan político determinado, mientras se sostiene discursivamente lo opuesto, terminó por quitarle la influencia que debería tener en el plano de las expectativas del conjunto, que con cierto gataflorismo, aún con las medidas en curso, sostiene que las mismas no han existido.
Resta por ver qué sucederá con el nivel de actividad, dado que lo que se está llevando adelante es claramente un ajuste, podríamos ver en los próximos meses una ralentización de la marcha de la economía, sobre la base de una emisión monetaria que crece menos que los precios, y un gasto que se modera de la mano del recorte de subsidios.
Es justamente allí donde radican los principales desafíos del gobierno para los próximos meses, sostener el nivel de actividad del que poco se habla por estas horas y moderar las expectativas inflacionarias en el tiempo por venir.
Mientras esto sucede, oficialismo y oposición se enredan en una puja que se traslada a los titulares de diarios mucho antes que a un conjunto de medidas concretas para resolver los problemas de millones de personas que vemos como, día a día, nuestros salarios y jubilaciones rinden casa vez menos en la góndola del supermercado.

martes, 4 de febrero de 2014

Para el Cronista - Especulaciones perversas, cuentos de fantasmas y el ‘señor de la bolsa’



Finalizado el enero más movido de los últimos diez años en nuestro país vemos cómo mas allá del resultado objetivo en materia de devaluación, precios y merma del poder adquisitivo del salario, se va instalando poco a poco cierto discurso por parte de las autoridades que suelen cargar la responsabilidad de la inflación en el empresariado, sea este el presidente de una petrolera o un pequeño comerciante del Gran Buenos Aires.

En igual sentido la evaluación que realizó el domingo el jefe de gabinete respecto de la compra de dólares para atesoramiento –si este no queda depositado en el sistema financiero– sería producto de la avaricia y parece ser que además constituiría el motivo por el cual argentina no creció aun más en los últimos diez años.

Ciertamente es llamativo como se descubre ahora este tipo de comportamiento que habría sido una constante de la década, y se cuestiona desde el poder ejecutivo al tiempo que se lo termina subsidiando, al conceder la posibilidad de comprar dólares por parte de los particulares de los cuales –en la primera semana– el 91% de ellos decidió retirar los billetes para guardarlos fuera del sistema financiero.

Es realmente curioso el mecanismo de análisis que proponen desde las usinas oficiales, porque choca con la realidad una y otra vez.

En materia de precios internos, se critica fuertemente el aumento denominado ‘ por las dudas’, conducta que analizada de forma aislada resulta claramente reprochable, pero si hacemos el esfuerzo de tomar cierta distancia de la situación, el panorama parece ser otro.

Resulta que la devaluación no ha sido una conducta privativa de la Argentina (si bien nosotros fuimos, junto con Venezuela, los campeones de la región), pero sí lo fue la elevada inflación. En este sentido es llamativo por qué no aumenta ‘por las dudas’ los precios un comerciante de San Pablo Brasil, o un mayorista en Montevideo.

La respuesta es simple, si en esos lugares deciden aumentar los precios ‘por las dudas’ –más de lo que lo hacen sus competidores– automáticamente pierden la clientela que optará por acudir a aquellos que hayan mantenido los precios más accesibles. Si bien podríamos pensar que hay algún componente genético por el cual aquí todos aumentan los precios a la vez, este argumento también se chocaría con la realidad, dado que hace diez años estos mismos actores tenían otro comportamiento, dado que la inflación era la quinta parte de la actual y entraban muchos más dólares de los que salían. Solo resta pensar que dicho accionar podría ser efecto de algún virus inoculado desde los medios de comunicación concentrados o bien alguna otra idea un poco más convencional, como podría ser que el comportamiento respecto de los precios tiene que ver con la maximización de la tasa de ganancia que practica todo oferente en el mercado, dado el sistema capitalista imperante.

Dicha tasa de ganancia se valida dado que la demanda acepta esos precios no porque seamos todos mansos corderos que tenemos ganas que nos roben, sino producto de un contexto inflacionario donde nadie tiene claro cuánto valen las cosas, salvo el dinero, que vale cada vez menos, y resulta mala idea conservarlo.

Pretender derogar este mecanismo de funcionamiento es como cuando nos querían convencer que debíamos pesificar nuestras mentes por decreto, para luego terminar impulsando un blanqueo de capitales solo para los que tenían dólares ahorrados producto de la evasión fiscal.

Lo que vemos no son comportamientos que causan el aumento de precios, sino que son el resultado de dicho proceso, donde el estado sigue sin reconocer formalmente su existencia, del mismo modo que llevar adelante un plan concreto para moderarla, a menos que supongamos que ver a las principales figuras del gabinete corriendo detrás del precios del tomate, los ventiladores de techo y los cuadernos de tapa dura, sea la estrategia mas conveniente que a juzgar por los resultados no parece ser muy efectiva.

Los malos siempre existieron, eso es cierto, pero aquí nos son ellos quienes nos acosan, sino los fantasmas de nuestro propio pasado y los errores del presente, que en materia de inflación, parece tener mucho mas de relato fantástico que acciones concretas para resolver el problema.

domingo, 19 de enero de 2014

Para Diario Perfil - Hay que dejar comprar dólares

Comparto mi artículo de hoy en Diario Perfil, en donde invitan economistas heterodoxos y ortodoxos a proponer ideas. En este caso yo publico una iniciativa que ya he impulsado antes. Sobre la base del convencimiento que es mejor proponer que solo criticar.

El dólar ilegal creció 47% en 2013 al tiempo que el oficial lo hizo por encima del 32%. Sin embargo, en los primeros 17 días de 2014 ambos avanzaron 19 y 4,5% respectivamente. Si bien las miradas se posan sobre el marcado del blue, el oficial aumentó 30 centavos en un cortísimo período. Esto indica que el Gobierno tiene pensado continuar con la estrategia adoptada desde las PASO de agosto último, cuando la devaluación comenzó a acelerarse, y lo hizo más con la llegada del nuevo equipo económico y la designación de Juan Carlos Fábrega al frente del Banco Central.
Las propuestas para contener una situación altamente preocupante son variadas. Lo que resulta llamativo es que hay un punto en el diagnóstico en el cual todos parecemos coincidir: la falta de confianza que se percibe por parte del público en nuestra propia moneda.

En mi caso, hace un tiempo formulé una propuesta que, como otras, no necesariamente tiene que ser la más apropiada: la idea supone volver a permitir el atesoramiento de dólares por parte del público. A tal fin se debería autorizar la compra de dólares como estuvo vigente hasta julio de 2012, cuando aún estaba permitido comprar (si bien fácticamente esto fue imposible de hacer desde mayo del mismo año). Aquellas operaciones debían estar autorizadas por AFIP, algo que creo que debería seguir estando vigente.

Aquellos que deseasen comprar dólares, lo podrían hacer al tipo de cambio oficial vigente con la única restricción de que para retirar el billete físico deberían tener que aguardar dos años. Hasta ese momento los fondos quedarían depositados en una caja de ahorro especial en dólares; si se deseara retirar el efectivo antes de los dos años, el banco entregaría pesos al tipo de cambio oficial del momento. Sin embargo, los fondos sí podrían ser utilizados antes del mencionado período para cancelar operaciones inmobiliarias o de bienes muebles registrables como autos, motos y barcos. En dichos casos simplemente se transferiría la titularidad del depósito, y para el nuevo tenedor aplicarían las mismas restricciones.

Los fondos que ingresen al sistema con esta operatoria se podrían orientar a créditos para el sector de la construcción privada a tasas bajas, dado que el rendimiento ofrecido en dólares a los ahorristas sería muy bajo ya que es lo que paga el mercado por colocaciones en dólares en la actualidad.

Los desarrolladores podrían tomar créditos y cancelarlos con las transferencias de los depósitos que reciban en pago de sus clientes al vender unidades nuevas.

Otro destino de esos fondos podría ser el de cancelar deudas impositivas o financiar importaciones en el caso de determinadas industrias como la automotriz, que también podría recibir estos depósitos como pago de sus vehículos nuevos.

Cierto es que se podría pensar que es riesgoso colocar ahorros a dos años en el mercado financiero, pero el incentivo a hacerlo es equivalente a la brecha entre el dólar ilegal y el oficial (hoy del 75%). También podría pensarse que la demanda sería muy elevada y eso presionaría el tipo de cambio oficial, lo cual es cierto y probablemente generaría una aceleración de la devaluación, pero sólo al comienzo, ya que la depreciación hoy en día tiene un ritmo que en términos anuales supera largamente el 70%.

Esta propuesta tiene como ventaja adicional que retira pesos del mercado al tiempo que permite convertir ahorros privados en inversión privada sin que drenen mayores reservas del sistema, dado que los depósitos deben estar encajados al menos 24 meses, que en realidad terminarían siendo más dado que los depósitos se pueden transferir y en ese caso hay que volver a esperar dos años.

En suma, proponer siempre es mejor que sólo criticar; en ese camino es que dejo planteadas estas ideas.

*Economista UBA.